Cuando el bien representa al mal y al revés

por Biblioteca Piloto del Caribe

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Aura Inés Aguilar Caro

Había logrado pasar los espacios de revisión migratoria, como también la aduana en ambos países y continuaba conmigo, sin ningún tipo de impedimentos; aun de que en otra época hubiera desistido integrarlo a mi equipaje; sin embargo “El Diablo”, me mostraba su cara más angelical. Me refiero al recién publicado libro del profesor Jairo Soto Hernández, es una seria investigación dentro del contexto en la cultura popular del Caribe Colombiano, armonizado con otras manifestaciones en países de América Latina en conexión sincrónica con los orígenes de la conquista y por consiguiente con lo religioso.

Sintetiza un estudio metodológicamente detallado en la representación del “mal” en nuestra identidad del Caribe, que en la heredad de la colonia se nos había enseñado que estaba relacionado, en algunas costumbres que coexistían aun antes de la conquista, de aquellos pobladores que tenían su propia civilización y cultura, que el sentido de lo religioso vendría a interpretar desde una postura de evangelización como aquello de traer la “buena nueva”. Que en definitiva ellos hicieron una fusión tanto de lo propio como de lo adquirido y le dieron un sentido auténtico. (Abbagnano y Visalberghi, 2009).

Hace una provocación, el autor de la investigación, a través de los cinco capítulos del libro El diablo en la cultura popular del Caribe colombiano, a poder re-interpretar a partir del interaccionismo simbólico compartido, desde los lugares donde cohabitan estas prácticas culturales, como parte de la estética popular. En principio saber que en nuestra América Latina en países como Perú, Bolivia, México, Panamá, Venezuela y Cuba; hay también incorporación en este sentido, desde los orígenes de la colonia. De igual manera un análisis de esta presencia simbólica, que a través de festividades religiosas o no, en el Caribe colombiano, en lugares como Valledupar (Cesar), San José de Uré (Córdoba), El Molino – (La Guajira), Guamal y Santa Ana (Magdalena), e incluyendo las carnestolendas de Barranquilla en el Atlántico. (Soto, 2012).

Es identificarnos con la representatividad social, de lo que se opone al “bien” que hoy podríamos considerarlo como capital cultural acumulado; que intenta develar los saberes del sentido común, es aquello que ha tenido limites conceptuales dentro del conocimiento (por no considerarse científico) pero a la vez es algo que se teje socialmente (Canclini, 2004), sin poder darnos cuenta en expresiones populares que sublimadas a través de letras; en canciones folklóricas, leyendas, dichos, refranes, juegos infantiles y pactos, que de alguna manera permean y será extensivo por mucho tiempo a las generaciones.

Ahora bien dentro del texto voy a citar dos de los múltiples análisis que hace el profesor Jairo Soto Hernández, debido a la ubicación geográfica (Ariguani –Magdalena), tanto personal como también del contexto donde se ubican los personajes mencionados; se trata de Francisco “Pacho” Rada Batista y Adriano Salas Manjarrez.

El primero en relación a la leyenda que existe alrededor a su vida y obra, el cual recoge en sí lo que la colectividad interpreta, del hecho sucedido en camino a su casa cuando escucha acordeones sonar a lo que el compite con sus propio ritmo, en ese caso gana la partida, interpretando su acordeón y eso sí acompañado de unos buenos rones:

Me bajé de la bestia, saqué mi acordeón y me empujé un trago de ron,

y apenas escuché que terminaba la pieza le contesté con una melodía mía,

para que supiera donde me encontraba.

(Hinestrosa Llanos 1992, en Soto 2012)

En algunas entrevistas (Hinestrosa, 1992 y Llenera, 1985) concedidas en vida al maestro Pacho Rada, las cuales están citadas en el libro, nunca lo relacionó con la existencia propiamente del mal, era más una configuración social, que inicio desde su núcleo familiar y el contexto sociocultural, a partir del imaginario colectivo que se tiene de “el diablo”.

El segundo, es el autor de la composición Caño Lindo, que es un lugar ubicado en la jurisdicción mencionada arribala cual expresa la nostalgia de dejar el campo, que es también su trabajo, pero en el cual siempre está presente la música, por ser este también compositor e intérprete de la guitarra:

“Adiós, Caño Lindo, ya me voy despidiendo/

Adiós, panorama delicioso de los llanos/

Ya no acompaño mas con mi guitarra/

A las aves silvestres del playón”.

Pero que el señor feudal (Julio Sierra) hace una súplica al todo poderoso para que su trabajador no se pierda en el camino, que no tenga tiempo para beber y todo lo que implica armar la parranda, no entendiendo que precisamente esta, hace parte de lo propio del hombre caribe, sinónimo de la alegría, del jolgorio siendo significado de vida y no precisamente de la tristeza o “el diablo”, como lo fundamenta:

“Pidiéndole a Dios que no se presente el diablo/

Como un triste viejo hablándole de parranda”

 

En ambos casos ante la presencia tácita del diablo en torno a la parranda, abstraen situaciones que cobran vida en este caso en la leyenda de Francisco el Hombre y en la composición Caño Lindo, que para quienes alguna vez hemos escuchado referirse a ello, podemos omitir o no la presencia de lo antagónico, cuando hay desestructuraciones de lo binario (bien – mal).

En conclusión, la investigación busca rescatar la identidad cultural del caribe, en la cual hay interés en que no se disperse ni se olvide, sino que se trasmita de las generaciones adultas a las más jóvenes a fin de que estas se vuelvan hábiles, que se pueda desenterrar la modernidad (Gil, 2002); todo ello es posible lograr a través de la investigación social, que en este caso motiva a quienes puedan estar interesados en seguir re-definiendo nuestras mismas manifestaciones y de alguna manera poder establecer diferenciaciones en relación a otras culturas universales, pero que a la vez nos propicien posicionar la nuestra.

Un día primaveral en Santiago de Chile,

Octubre 2012.

Referencias

Abbagnano, N y Visalberghi, A. (2009). Historia de la pedagogía. Fondo de cultura económica de México. México.

García, N. (2002). Diferentesdesiguales y desconectados. Mapas de la interculturalidad. Gedisa, Barcelona.

Gil, N. (2002). Adolfo Pacheco y el compadre Ramón. Editora Guadalupe Ltda. Bogotá.

Soto, J. (2012). El diablo en la cultura popular del Caribe colombiano. Del corpus christi al Carnaval de Barranquilla. Editorial La iguana ciega, Barranquilla.


[1] Aura Inés Aguilar Caro, Magister de trabajo social de la Pontificia Universidad Católica de Chile, actualmente se encuentra finalizando sus estudios de doctorado en Educación Intercultural en la Universidad de Santiago de Chile (USACH).

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