LA ADUANA 15 AÑOS: HISTORIA, ARQUITECTURA Y LITERATURA

por Biblioteca Piloto del Caribe

 A propósito de todo lo que se viene gestando en la ciudad, a nivel académico e institucional en materia de investigaciones, proyectos celebratorios y acciones encaminadas al festejo del Bicentenario de Barranquilla el próximo año, nos permitimos rescatar esta reseña crítica del filósofo Eduardo Bermúdez acerca del libro La Aduana 15 años, un monumento, un proyecto cultural publicado en 2010 por la Corporación Luis Eduardo Nieto Arteta para conmemorar los 15 años de restauración del antiguo edificio de La Aduana, y que no es otra cosa que una historia de nuestra ciudad alrededor de un hito urbano e histórico como es el antiguo palacete de la Aduana construido entre 1919 y 1921.

M.I

 

Por: Eduardo Bermúdez B.

Cuando uno lee con inusual deleite literario un libro de historia, no puede menos que recomendarlo. La edición impecable del texto, su fino papel, sus ilustraciones visualmente gratas y la reunión de diversos especialistas, hacen de esta obra un texto de indispensable lectura para quienes nos interesamos en la historia de la cultura de Barranquilla y la Costa Caribe Colombiana. He tenido la suerte que un raro azar, me hubiera llevado a la lectura no en el orden en el cual aparecen los capítulos del libro “La Aduana 15 años”, sino a un primer capítulo que te atrapa y ya no permitirá que dejes las suaves páginas de papel que configuran este exquisito volumen que conmemora el renacer quinceañero de el edificio de la Vieja Aduana.

La Rayuela… sí, la novela de Cortázar, que tiene un tablero de lectura que te sugiere los capítulos que bien pudieras leer en un orden distinto del tradicional, fue lo que vino a mi memoria cuando me percaté que estaba leyendo el libro de los 15 años de la Aduana, desde la página 53 y no desde las primeras páginas, como suele hacerse con casi todos los libros. Allí uno se sumerge en la historia muy bien contada de un personaje que nos sirve para recordar la importancia del Río de La Magdalena en la historia de la ciudad, este es: Leslie Oliver ARBOUIN Gromm, quien de alguna manera encarna y sintetiza lo que es el Caribe. Los Arbouin, de origen francés desplazados a Inglaterra primero y luego asentados en Jamaica, generan a Leslie Olivier.

Leslie Olivier Arbouin, nativo de Kingston fue “el hijo mayor de Thomas Arbouin, funcionario de la administración local y de Ella Gromm, pianista aficionada”. Estudió bachillerato y siguió estudios superiores, como muchos jóvenes jamaiquinos de su época, en la Cambridge University… por correspondencia. Tal como nos narra Fernando Carrasco Zaldúa, Arbouin, llegó a Colombia en 1899 por vía del puerto marítimo de Cartagena de Indias. Escribió su viaje por el río en un relato titulado “SEISCIENTAS MILLAS RÍO ARRIBA”. Según Carrasco Zaldúa, “gracias a este texto es posible saber con exactitud los motivos de su viaje a Colombia” y cita frases como: “Me parecía difícil imaginar que la naturaleza por sí sola hubiera podido trazar parque tan hermoso”.

Arbouin residió en nuestro país, realizando diversos trabajos en ingeniería de los ferrocarriles, hasta 1907, regresó a Jamaica y luego trabajó en Panamá desde donde fue notificado que había sido seleccionado para realizar el proyecto de construcción del nuevo edificio de la Aduana de Barranquilla. Corre el año 1917, el mismo de la fundación de la revista de vanguardia cultural VOCES y justo hasta el año 1920, otra coincidencia más con la mencionada revista, Arbouin, se radica en nuestra ciudad construyendo, además el edificio del Banco Dugand, algunas de las casas emblemáticas del barrio El Prado…pero, invitemos a usted lector/a para que termine por sí mismo/a este interesante capítulo.

Si continuamos, a la manera de Rayuela, con el tablero de dirección de este libro, nos encontramos, en la página 65, con el capítulo “Anecdotario del palacio de
la Aduana”, escrito por Rodolfo Zambrano Moreno. Allí se cuenta, de manera divertida y anecdótica (en el estilo de El Cabo), de la visita del presidente Marco Fidel Suarez a Barranquilla en 1921, con el objeto de inaugurar el nuevo edificio de la Aduana. El gramático gobernante “… a bordo de un vapor de río, arribó al muelle de la Intendencia Fluvial de Barranquilla, con una lujosa comitiva”. Su anfitrión, el poeta y periodista de Soledad, Miguel Moreno Alba, “ofreció su amplia residencia de la Calle Murillo, esquina del Callejón de Cuartel”, para el alojamiento del Dr. Marco Fidel Suarez.

Siguiendo con Moreno Alba, en la página 71, el poeta Mattos Omar, sugiere una valoración de la importancia de su colega en el arte de las palabras. Citar la siguiente anécdota sobre su faceta de educador, podría ser un excelente comienzo: “…asociada a su faceta de educador lo está la figura de Meira del Mar, pues todo el mundo recuerda que ella fue su alumna en el Colegio de Barranquilla para Señoritas… en una sesión solemne, ella estaba programada para recitar uno de los poemas de su propia autoría, pero cuando le llegó el turno de hacerlo, sufrió una especie de pánico escénico… al verla enmudecida en el escenario, Moreno Alba,…caminó hasta donde ella estaba, la tomó amablemente del brazo y recitó la primera estrofa…”

El tablero de dirección cortazariano nos conduce ahora hasta el capítulo: “El antiguo edificio de la Aduana: De la ruina al esplendor”, en la página 119. Allí, Juan Pablo Mestre, nos recuerda con Le Corbusier, que: “La arquitectura es cuestión de armonías, es pura creación del espíritu. Empleando piedra, madera y hormigón se construyen casas y palacios, pero eso es construcción, el ingeniero trabajando; pero cuando por un instante toca mi corazón, yo digo esto es hermoso, esto es arquitectura, el arte ha entrado en mí” y luego Mestre agrega: “Arquitectónicamente, (La Aduana), es una imponente edificación de influencias neoclásicas… en esta fachada hacia la carrera 50,…, se presenta un interesante trabajo en fustes, capiteles, frisos…”.

Continuando con la bitácora cortázariana, el lector puede irse a la página 105 con el capítulo “La Aduana el proceso de recuperación y restauración”, escrito indispensable de Katia González, para seguir con el relato sobrecogedor de Helkin Núñez en la página 85 titulado: “El fantasma de La Aduana” , enlazar con el capítulo: “El Archivo Histórico del Atlántico, guardián de nuestra memoria colectiva”, del historiador Luis Alarcón Meneses, dar un salto gimnástico hacia atrás en la página 27 hasta el capítulo IV y leer al profesor Jorge Villalón en: “Barranquilla nace al siglo XX: 1900-1920”. En fin Miguel Iriarte, Adlai Stevenson, Cielo Támara, Walter Bohórquez y William Chapman completan este hermoso libro que no debe faltar en las mejores bibliotecas de la comarca.

Arbouin, Moreno Alba y Nieto Arteta In Memorian

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