Semana Santa De Mi Boca

por Biblioteca Piloto del Caribe

Consecuencias poéticas de los días santos

por Ernesto Gómez-Mendoza

 
Al lado de versos de detenida fábrica barroca hay poemas de una espontaneidad despreocupada. Al lado de las cavilaciones anda una exquisita comedia que reconforta. El autor de “Semana santa de mi boca” es holgado en los tonos y registros, renuncia a echar raíces en el gran plan poético  y en cambio corre riesgos, muchos.

 

 

 

El riesgo puede ser una pista para leer  ”Semana santa de mi boca“, con esa sensación de zozobra con que alguna vez hemos asistido a las pruebas de los acróbatas en el circo, que se superan las una a las otras. Miguel Iriarte propone un viaje incierto, lanza un reto al lector para que sacuda cualquier beatería o costumbre anquilosada y se deje salpicar y untar de un poema que se parodia a sí mismo, que se descentra, que le hace quite a la centralidad y se goza en lo periférico y apenas nombrado. No hay centros en este libro, y eso es exigente, porque hay la manía del centro,  de encontrarlo dibujado en los libros. Para eso hay numerosos clásicos  y serlo no está en los sueños del poeta Iriarte, que, por el contrario declara: “Debo acusarme aquí de mi ignorancia/ de no saber qué hacer con mis adentros (p. 41).

El autodespojo del cantor

En el curso de este poema (es un sólo canto por debajo de la aparente disposición en poemas individuales) Iriarte experimenta con su autodeconstrucción: evita desempeñar el rol absoluto de demiurgo para limitarse a ser un secretario que toma dictado de la polifonía periférica que pretende escamotear al silencio; se filtran felices las expresiones del más puro coloquialismo doméstico que dotan al discurso de tibieza, cercanía, democracia, al entreverarse con la cosquilleante parodia que desplaza los sentidos habituales, la corrección, el fetichismo tipo Síndrome de Stendhal:

“Pero la palometa es más bien un pez para la Biblia/parece cultivada en un acuario prohibido/ y no en el mar/ y cuando pones su carne blanca y delicada al fuego/ sale un humo aromoso, como si fuera el alma/ de un pez ornamental/ por eso hay que comerlo con los ojos cerrados/olvidados de espinas y demás sinsabores/con el mismo abandono con que saboreamos/ a una mujer caliente. (ps. 46-47)

Las autoparodias son elemento estructural de este poema:

Y son un juego elevado,  porque no son  obvias sino que el poeta ejerce la parodia sobre lo esencial de la poesía, su función metonímica de traslado de los sentidos, en frases que, a la vez que técnicamente son justas, vuelcan un signo de divertida broma secreta a costa de la poesía misma:

“La palometa es redonda y plateada como una luna de mar/ es tan plana y delgada que no parece un pez para la mesa/ sino un pan para la misa” (p. 46)

Devociones y penitencias frutales

Este esbozo crítico erraría de cabo a rabo si no señalara que la gran fiesta de este poema es la que propicia con su deliberada contralectura de la Semana Santa y de los lugares comunes de la devoción popular católica. Los poemas que expresamente se refieren a la celebración religiosa, sometiéndola a una exhaustiva “carnavalización”, son la almendra de este libro. Son una docena de poemas que son unitarios en este comentario festiva y tiernamente trasgresor, que de paso permite el discurso autobiográfico transparente y lúcido:

“Pero en estos días he estado seriamente distraído/ desde que el lunes temprano llegó Beatriz, la prima/ por primera vez sola de visita/ a pasar con nosotros una Semana Santa/ que será para mí de intenso temblor espiritual y pleno goce.

…si ella se va feliz/ prometo que me pondré a rezar aunque no sepa”. p.  30

Es viernes de pasión para mi boca/ y ya comienza bien con tus senos temblando en el aire/ y en la reciente luz de la mañana…

…Y Jesús quisiera estar aquí para decirte/ al pasar/ lo bello que sería cambiar su cruz/ por esa fruta tuya p. 33

Cantar esa vida que brota como fuente y se esparce irreductible y libre ha sido apremio de un vasto número de poetas; pocos pueden emular con Miguel Iriarte en el desenfado y el acariciante humor sostenido sobre un delicado andamiaje técnico.

El libro estará disponible en la Biblioteca Piloto del Caribe desde la fecha.

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