Nostalgic Vision- Bruno Böhmer Trio

por Biblioteca Piloto del Caribe

Nostalgia a medias

Por Manuel Dueñas Peluffo

La nostalgia es expansiva, abrazadora. Hace parte de un título —“VolcanicAshes”— que abre un disco. Los griegos hablaron de nostos para referirse a la tristeza, a la melancolía del no retorno. La imagen traza una introspección, unas formas que miran hacia adentro. La sensación de que en el origen, en el lugar donde inició todo, apenas quedan recuerdos.

Para conjurarlo todo, Bruno Böhmer escribió esa balada (enérgica, de trazos totales).

También grabó Nostalgic Vision, un álbum que refleja muy bien ese sonido lejano, como una postal lenta y espesa, de los años ya vividos en Alemania. El paisaje —musical, conceptual— había cambiado con el tiempo: fue cada vez menos literal, cada vez menos predecible. Las influencias de Böhmer han ido imbricándose, han dejado de estar superpuestas. A partir de sus raíces, el pianista ha podido escuchar el mundo.

La vida europea trajo el tope más alto de una aventura —Latin Sampling, la banda-escuela que definió el jazz de una ciudad— y también su fin, su ocaso temporal. Para el barranquillero, era necesario también explorar otros caminos. La voz de un pianista requiere soledad, silencios, espacios. En ese sentido, la religión del quinteto tenía sus límites.

A finales de 2008, Böhmer había publicado Herencias. El trabajo suponía una mediana ruptura con todo lo anterior, y asimismo un pequeño manifiesto, una declaración de principios: el trío casi como hogar, casi como lugar en el mundo. El formato era suficientemente amplio como para mirar sus orígenes, y hacerlo desde una sana lejanía, pero exigía delimitación, riqueza de contextos. Entre ambos extremos, el resultado mostraba sobriedad y alguna madurez, aunque no estaba exento de la comodidad de lugares transitados.

Tres años después, “Static Motion” define muy bien Nostalgic Vision: otra balada de colores, de infinitos, de detalles. Las diferencias son notables: una estética más cuidada, construida más sobre texturas que sobre virtuosismo. Böhmer explora cada centímetro, cada pedazo del mundo que va creando, y lo hace con serenidad, con  una paciencia que tiene mucho de artesanía. Si el principio de la etapa alemana arrojaba algunos destellos de madurez, ahora los confirma, los expande: asoma  un estilo, un registro personal.

La prueba más fuerte, y acaso más hermosa, es “Beyond Heaven”, esa bella agonía de murmullos, de silencios, en la que Böhmer recorre la intimidad de una tristeza. Hay influencias reconocibles (Gonzalo Rubalcaba, digamos), pero también la fuerza de un fraseo particular, de unas formas que sólo le pertenecen a él. Al lado del bajista  Juan Camilo Villa y del baterista Rodrigo Villalón, Böhmer se entrega a un rito de interacción y complicidad, a la soberanía de un mundo propio.

Sin embargo, Nostalgic Vision sostiene un pecado que ya venía de Herencias: ser un disco a medias. Es decir, un registro que no logra mantener un mismo tono, una misma riqueza conceptual. El pianista canta, y el resultado es opaco, poco logrado: impostura, maquillaje, forzamiento. Las canciones (“Quiero olvidar”, “Para siempre”, “Un pajarito”, “Dame una razón”, “Cómo hacer”) son un pedazo ajeno, irremediablemente distante, del resto del álbum. El riesgo del principio (una
formidable lectura de “Fragile”, la pieza de Sting) se diluye en un lugar común.

Un gran disco, otra vez a la mitad.

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