Bitácora personal, Sept. 9

por Biblioteca Piloto del Caribe

Diario de Barranquijazz III

AFUERA

La Bandita. Juan Carlos Lazzo, joven percusionista que empezó incursionando en el latin jazz con su grupo Cucurucho Jazz Band con el que ganó en varias ocasiones la convocatoria de grupos locales y regionales de Barranquijazz y logró reconocidas participaciones en diversos eventos musicales de la ciudad y la región, replanteó ahora su propuesta y la llamó La Bandita, en la misma linea del latin jazz pero con nueva organología y nuevo repertorio, y con ella se hizo acreedor al primer premio del Barranquijazz de grupos locales y regionales en esta versión 2011. En lo que a mí respecta prefiero el concepto de La Bandita y esa fue la impresión que tuve cuando se presentó en el pasado Festival de Música Interactiva de la Uiversidad del Norte. Y esa preferencia se me ratificó en su presentación del viernes en la apertura del  segundo día del Barranquijazz a la calle.  Podríamos decir que parte de su característica más notoria es la fuerza que le aportan a sus interpretaciones los tres metales (saxo, trombón y trompeta) en un formato de septeto latino bien ensamblado y con un mejor concepto de repertorio. Me agradó y lo considero un excelente gesto que hubiesen elegido para esta presentación un par de piezas del disco Secrets de los muchachos de Latin Sampling. Bien por Lazo.

Ignasi Terraza. Precedido de una bien merecida fama llegó a Barranquijazz este pianista catalán de jazz que hace parte, al lado de su coterráneo el gran Tete Montoliú, de ese raro Olimpo de pianistas ciegos en el que están reunidos para la historia Art Tatum, Lenny Tristano, George Shering, Ray Charles y Marcus Roberts. Daba gusto estar esa tarde en los jardines del Amira de la Rosa escuchando un música amable y transparente marcada especialmente por la virtud del swing producida por uno de los formatos más prestigiosos y exigentes del jazz: el trío. En él Terraza es un dínamo que se pasea con enorme soltura por estilos y escuelas desde una base pianística muy personal en la que se mueven en perfecto equilibrio corrientes altamente inspiradas de melodías y armonías que, pienso, son las responsables de su exitoso contacto con el público. Sin embargo hay también en un su música un gran intimismo al que le haría muy bien una sala cubierta como la del Amira.

Pero estábamos en el disfrute de esa música cuando se abrieron los cielos en lluvia  y todos tuvimos que correr a refugiarnos en las pocas carpas disponibles. Por suerte todo aquello fue prácticamente al final de un concierto del que ya habíamos aprovechado buena parte y lo mejor y así no hubo frustración. En definitiva un trío que debería repetir en Barranquijazz más temprano que tarde.

Luigi Cinque. Podría decirse que de los músicos europeos de jazz o de música contemporánea, los que conozco, son probablemente los más empeñados a la experimentación y a la utilización de cintas pregrabadas y de secuenciadores para sus presentaciones públicas. Luigi Cinque llegó de Roma acompañado de un buen pianista y de tres computadores, pero no le vimos (ni exhibió) sus dotes de multi-instrumentista y de gran compositor y de hombre neo-renacentista. Todas sus interpretaciones (salvo una sola con el clarinete) fueron hechas con el saxo soprano y resultaron repetitivas y limitadas sin importar cuál fuera la base rítmica que estuviera sonando pregrabada, ni cuáles las variaciones y recursos que estuviera realizando el pianista. A mi me resultó una propuesta un poco confusa que no permitió ver cuál era el fondo de su idea musical. Con todo, es muy importante que desde la programación
musical de festival se promuevan estas propuestas, digamos alternativas, como ha ocurrido con éxito en el pasado con casos como el de Erb Gut & Peter Schärley, por ejemplo, que ayudan sin duda a ampliar los marcos referenciales de nuestro público.

ADENTRO

Diego El Cigala y su grupo. Gran espectáculo este de Diego el Cigala. Su voz, su temperamento, su presencia escénica y ante todo la calidad de sus interpretaciones harán siempre de sus presentaciones una experiencia digna de agradecimiento y memoria. Con un formato igual al de su primera presentación en este festival en 2007, más violín, este heredero progresivo de Camarón de la Isla cantó primero una selección de tangos de su más reciente producción y luego una selección de su viejo  disco  de boleros con Bebo Valdés, repertorio que, aunque muchos sabíamos previsible, el genio de este gitano entregó como si fuera algo nuevo, con  matices distintos en su asunción (a pesar de tener la boca llagada por la  fiebre) secundado además por una guitarra fuertemente protagónica en su papel y  por la presencia de bellísimos solos y acotaciones de un violín muy bien  planteado, además de los magistrales acompañamientos y solos del pianista  Jumitus Calabuig y del gran bajista cubano Yelsi Heredia. Por alguna razón prefiero esta presentación a la de hace cuatro años. Me atrevo a aventurar esta razón: el espíritu desgarrado del tango le suma al dolor romántico del bolero un mood que acerca más al Cigala a la cosa jonda de su gitanía. Puede  ser.

Andrés Cepeda y su proyecto de  Bolero Jazz. 
El bolero-jazz es ya una categoría bien distinguible en la corriente del jazz latino. Yo me he atrevido a afirmar que el bolero es a la música latina lo que el blues es al jazz. Solo que además de esa equivalencia bolero y jazz han sido en años recientes sistemáticamente asumidos como una nueva tendencia en el lenguaje musical contemporáneo en la que hay ya una amplia tradición vocal e instrumental con una apreciable colección de creaciones y versiones dentro de las que podríamos mencionar cosas como las de Pacho Céspedes y Ruvalcaba, Tete Montoliú y Mayté Martín, Rubén Blades y Danilo Pérez, Paquito D’Rivera y Helena Burque, además de Reneé Barrios, Xiomara Laugart, Buika, y un larguísimo etc.
En el caso de Andrés Cepeda y su proyecto debo decir que no es posible ahorrar reconocimientos para los arreglos y los músicos que en él intervienen pero el caso es que el amor y el interés que Cepeda siente por el bolero-jazz no es para nada bien correspondido. Se nota que él quiere al bolero-jazz pero el bolero-jazz no lo quiere a él. Por eso, luego de los solos de Dahyán Díaz, y la seguridad e inspiración que deben asegurar jazzistas como el Negro Hernández y John Benitez en la batería y el contrabajo, magistrales sin atenuentes, y el respaldo de un buen pianista como el que tiene, algo sentimos que queda faltando. En su voz y en su interpretación no hay quizá las suficientes inflexiones jazzísticas para redondear la experiencia que viene envuelta en la promesa. Y si pensó que los arreglos y los músicos eran suficientes se equivocío. Su canto no logra desmarcarse de su repertorio pop que es su territorio habitual y en el que sin duda él es una figura respetable.  Así que en otra ocasión será.

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