Bitácora personal, Sept. 8

por Biblioteca Piloto del Caribe

Diario de Barranquijazz II

AFUERA

Hay que empezar diciendo que ya este año la experiencia escénica, musical y de público en los jardines del Teatro Amira de la Rosa es definitivamente otra cosa. El ambiente y la calidad de la programación musical la pone sin más a la altura de cualquiera de los espectáculos out door de los principales festivales internacionales de jazz. Esto fue que lo vi y oí ayer.

Etnia Latin & Jazz. También hay que decir de entrada que este grupo que podríamos llamar el decano de los grupos de jazz universitario en el Caribe colombiano, y tal vez del país, es ya una institución en la ciudad y en Barranquijazz. Con él tuve la oportunidad histórica de viajar en compañía de su director Eduardo Valencia al Festival de Música Estiva de Montevarchi (Italia) hace más de diez años por invitación del director musical de ese evento el guitarrista clásico Gonzalo Solari. Era otra plantilla en ese entonces, por supuesto. Este es el único grupo que ha  participado religiosamente en todas las convocatorias del concurso de grupos locales y regionales de Barranquijazz desde sus inicios hace 13 años y en esta versión 2011 logró su mejor presentación de esa trayectoria adjudicándose el segundo lugar, calidad y disposición que ratificó ayer en la apertura del Barranquijazz a la calle tocando con más soltura, menos tensión y mayor propiedad que en el concurso, y desde luego con mejores resultados.

Debora Carter y su cuarteto. Norteamericana radicada por 15 años en España y ahora residente en Holanda, razón por la cual habla un español de muy simpático acento que, junto a sus estupendas condiciones vocales e interpretativas y un extraordinario encanto personal, le sirvió para conectarse de extraordinaria manera con el público. Destaco muy especialmente la versión e interpretación vocal de temas clásicos del jazz como Moanin’, Lullaby of Birland, Don’t get  around much any more, Round Midnight, de otros clásicos como  Can’t buy me love y Yesterday de The Beatles, temas en los que demostró un pleno dominio del canto jazzístico, conocimiento de la tradición de las grandes cantantes de jazz y poseedora de un sello personal en su fraseo scat acompañada de un grupo de músicos perfectamente conectado con ella. La gran sorpresa fue que se sentó al piano para hacer una delicadísima versión del tema Pueblito viejo del maestro Jose A. Morales, gesto que fue suficiente para cerrar gratamente lo que ya había logrado: una presentación para la memoria.

Christian Renz y sus amigos. Este joven barranquillero radicado hoy en Alemania, pianista y compositor aventajado en terrenos de lo clásico, el jazz y lo popular vino este año a Barranquijazz con dos amigos alemanes y otro colombiano bajo el nombre de Felix Behrendt & Christian Renz Quartet para dejar una estupenda impresión del trabajo que ha estado haciendo desde hace varios años en Europa. El ex pianista del grupo colombiano Latin Sampling con el que se inició en Barranquilla a finales de los años 90, dio muestras de una gran experiencia y madurez entregando un repertorio propio y de sus dos amigos europeos en el que es notoria la pretensión y el logro de una mezcla que quiere poner a dialogar, controvertir y sintetizar dos maneras de expresar lo jazzístico: lo europeo y lo latino, labor para la cual no hay duda que Renz tiene tanto la información genética y cultural como el bagaje técnico y el conocimiento. Luego de un tema inicial acusado de timidez e inseguridad la cosa pasó a mayores a partir de una extraordinaria composición del bajista Behrendt y más tarde con otro pieza del baterista Kolvenbach y otra de Renz que marcaron muy seriamente el carácter de una música sin lenguaje predecible, difícil, entrecruzado de ideas, intelectual y musicalmente sorpresivo. Hasta cuando se fue la luz en el área del teatro y Renz intentó entretener la llama en el público tocando prácticamente en silencio. Regresó el fluido eléctrico y el cuarteto cerró con un tema vibrante en el que volvió a brillar el grupo colectiva e individualmente.

ADENTRO

Terence Blanchard Quartet. En fuerza, en importancia y dimensión se me antoja analogar este concierto con el de John Faddis el año anterior. Sin embargo, este de Terence Blanchard tenía cierto halo misterioso e impredecible; algo que venía desde el piano en manos de un joven cubano, Fabián Almazán, auténtica revelación internacional, le imprimió al concierto de Blanchard un ello verdaderamente especial. Algo lo hacía recordar a veces al pianista brasilero Egberto Gismonti, que no era precisamente la manera de llevar su pelo. Otras veces parecía remitir no muy claramente a cierto Keith Jarret. De todas formas lo que quiero decir es que al lado, más allá y más acá de la genialidad del trompetista, del gran discurso del saxo y de un baterista ciertamente de prodigio, Almazán llamó poderosamente  la atención por su estilo y por su música.

Blanchard, por su parte, con una trompeta como de oro sólido, que vale oro por lo que de ella se escucha, muy parecida a la de su amigo y mentor Marsalis, demostró su genialidad fuera de toda consideración, en la calidad de sus ideas jazzísticas, en la administración de su liderazgo, en la posesión de un sonido absolutamente puro, en el desarrollo de un discurso que era reconociblemente re-bop (como lo definiera Marsalis), a veces, en el que la vertiginosidad de la digitación y las ideas descansaba en un remanso lírico que nos devolvía el alma al cuerpo y pasaba luego a nuevos
ámbitos de la improvisación.

Cuando se acabe el mundo seguramente se recordará este concierto de Blanchard en Barranquilla.

Oscar Hernández & Seis del Solar. Debo decir que tengo una larga tradición de sufrimientos con las segundas partes en Barranquijazz. Que cuando hay dos grandes cosas en una misma noche, en un mismo lugar, en un mismo escenario casi siempre pierde el último que toca porque el primero se lleva la mejor parte espiritual del público. Anoche fue distinto. La gente de Seis del Solar trajo una propuesta muy bien montada y muy redonda que logró hacer recargar en el público numeroso del Amira las energías para asumir una descarga constante de excelente latin jazz que tiene un fundamento monstruoso en una de las secciones rítmicas más consolidadas que se conozcan: el baterista Robert Ameen, el conguero Paoli Mejías, el timbalero Ralph Irrizarri y el bajista Rubén Rodríguez. Nada de ruido. Una maravillosa polirritmia perfectamente desplegada para que Oscar Hernández y Bobby Franseschini terminen de poner a ese edificio las puertas y ventanas, agua y luz, la cocina y la cama, el aire y el deseo para quedarse allí viviendo, como anoche, que hubiéramos podido seguir allí haciendo parte del solar de estos seis tipos. Y para entrar en polémica habría que decir que habiendo tenido en la historia de Barranquijazz congueros de la altura de Aguabella, Patato, Tata Güines, Hidalgo, Richie Flores y Samuel Torres, entre otros grandes, a mi juicio jamás habíamos visto un fenómeno como Paoli Mejías.

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